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El Campeonato Mundial 2026 organizado por la FIFA y los impactos medioambientales

Columna Ernesto Sanguinetti edicion 58

El Consejo de la FIFA aprobó por unanimidad el 10 de enero de 2017 la propuesta del presidente del organismo, Sr. Gianni Infantino, de elevar el número de equipos o selecciones para disputar la Copa Mundial de Fútbol de 32 a 48, a partir de la edición de 2026. Esta sería la primera ocasión en que 48 selecciones participarían en la fase final y la tercera oportunidad en que se implementaría un aumento de selecciones clasificadas. En Uruguay 1930 fueron 16 las selecciones participantes; en España 1982, 24 equipos; y en Francia 1998, 32 naciones disputaron la copa.

Después de muchas reuniones y presentaciones de candidatos para ser sedes del Campeonato Mundial del 2026, el 13 de junio de 2018, en el 68° Congreso de la FIFA se votó y fue aceptada la candidatura presentada por Canadá-Estados Unidos-México; siendo la primera vez que este evento tendría como sede a tres países. En total se escogieron 16 ciudades para que  se realicen los partidos de fútbol. México tendría 3; Estados Unidos, 11; y Canadá, 2. Se muestran sus ubicaciones geográficas en el mapa.

Se cumplió todo lo acordado y el Campeonato Mundial se desarrolló desde el 11 de junio hasta el 19 de julio de 2026, con una duración de 39 días. Con la participación de 48 equipos, en este campeonato se jugaron 104 partidos en total: en la fase de grupos se disputaron 72 encuentros; en los dieciseisavos de final, 16 partidos entre los clasificados; y en las denominadas fases finales, 8 partidos de octavos de final, 4  de cuartos de final, 2 de semifinales, uno por el tercer puesto y uno en la gran final para disputar el título de campeón mundial.

Tras la elección de los países sedes, la FIFA aseguró que esta sería la edición más ambiciosa en materia de sostenibilidad. Por primera vez se incorporaron requisitos específicos relacionados con la evaluación del impacto ambiental, el respeto a los derechos humanos y la elaboración de estrategias en cada una de las ciudades anfitrionas. El objetivo de la FIFA era que la sostenibilidad dejara de ser un elemento complementario para convertirse en un aspecto fundamental de la organización del evento: incorporaría una estrategia integral desde el proceso de selección de sedes, con evaluaciones de impacto ambiental, planes ambientales para las ciudades anfitrionas y medidas para reducir la huella de carbono del campeonato (emisiones de gases de efecto invernadero convertidas a equivalente de CO2).

Las altísimas temperaturas ambientales, fuera de lo normal, constituyeron una variable importante durante el torneo en México, Canadá y Estados Unidos. En ese sentido, la FIFA estableció que el “cooling break” o pausa de hidratación fuera obligatoria en todos los partidos para proteger la integridad de los jugadores. En el minuto 22 del primero y del segundo tiempo de cada partido, la pausa de hidratación tuvo una duración de tres minutos.

Sin embargo, durante el desarrollo del torneo, las temperaturas ambientales en algunas sedes no bajaban de 34 °C, lo que obligó a utilizar los sistemas de aire acondicionado durante los partidos en tres estadios con techos retráctiles. Esos estadios fueron el AT&T Stadium de Dallas, el NRG Stadium de Houston y el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. De acuerdo con los conocedores de las capacidades de los equipos, se estima que climatizar un solo partido requiere un consumo eléctrico cercano a 100 mil kilovatios-hora. Como gran parte de esa energía es generada por centrales térmicas, donde se “queman” combustibles fósiles que emiten CO2 hacia la atmósfera, el funcionamiento de los sistemas de aire acondicionado contribuyó a aumentar indirectamente la huella de carbono.

Por otro lado, el principal argumento de la FIFA para defender la sostenibilidad del Campeonato Mundial 2026 fue que todos los partidos se disputen en estadios ya existentes, evitando las huellas de carbono derivadas de la construcción de nuevos estadios.

Terminado el mundial y hechos los análisis, los especialistas coinciden en que el mayor impacto ambiental del torneo no provino de los estadios, sino de la movilidad. Se estima que cerca del 80% de la huella de carbono está relacionada con los desplazamientos de las selecciones, los periodistas y los miles de simpatizantes desde sus países a las 16 sedes mundialistas; además del retorno a sus respectivos países.

Mención aparte se merecen los viajes del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, al ser responsable de dejar una gran huella de carbono. Recorrió más de 106,000 kilómetros en aviones privados durante la Copa Mundial 2026. Estuvo en 42 de los 104 partidos del torneo, recorriendo los tres países sede: México, Estados Unidos y Canadá, y visitando cada uno de los 16 estadios. Se calcula que generó con sus travesías 1,050 toneladas de dióxido de carbono que se emitieron hacia la atmósfera. En tan solo 40 días, él solo habría provocado 3.5 veces más emisiones de carbono que las que una persona genera a lo largo de toda su vida, únicamente para acudir a la mayor cantidad de partidos posibles.

La basura y todo tipo de residuos sólidos representan otra de las grandes consecuencias del Campeonato Mundial. La llegada y el movimiento de miles de simpatizantes aumentó considerablemente el consumo de agua, alimentos, bebidas, artículos promocionales y productos de un solo uso dentro y fuera de los estadios. A ello se agregó la intensa actividad en hoteles, restaurantes y centros de entretenimiento que acompañaron la competencia durante más de cincuenta días, debido a que muchos llegaron antes del inicio del campeonato y otros se retiraron mucho después.

Todo ello incrementó la presión sobre los sistemas locales de recolección y manejo de residuos, pues se generaron miles de toneladas adicionales a las que normalmente manejaban las ciudades sedes. Se estima que los residuos, en promedio, después de cada partido de fútbol alcanzaron cifras del orden de 54 toneladas de desechos, entre plásticos de un solo uso, envases y comida. Estos volúmenes exigieron un mayor esfuerzo de los organismos recolectores, que tuvieron que emplear el doble de tiempo para cumplir con sus programas de economía circular, reciclaje y compostaje y evitar que generaran otra huella de carbono.

Se espera que los programas se hayan cumplido a cabalidad porque recordemos que si los residuos orgánicos (restos de comida, papel, cartón o madera) cuando se acumulan en vertederos o basurales y se pudren al aire libre o bajo capas de tierra o capas de más basura sin acceso al aire, generan potentes gases de efecto invernadero tales como el metano (CH4) y dióxido de carbono (CO2).

Como las regulaciones de la FIFA obligan a que los estadios tengan césped natural y que tengan riegos masivos diarios, los expertos estiman que ésta obligación de mantener el césped en óptimas condiciones, especialmente en zonas con altas temperaturas u olas de calor, se convirtió en el principal gasto de agua de los recintos desde mucho antes de que se inicie el campeonato. A ello se suma que durante los 15 minutos del entretiempo se regaban los campos de juego y que, durante los partidos, la operación de los baños, los servicios de comida y la limpieza requirieron millones de litros de agua. Todo ello necesita bombas cuyo funcionamiento consume energía eléctrica, lo que también generó indirectamente más huella de carbono.

Comentarios

Si lo explicado se confirma con cifras más exactas mediante intervención de asociaciones y expertos en analizar y comprobar las diversas fuentes de contaminación de nuestra atmósfera, la edición del Campeonato Mundial de Fútbol 2026 pasará a la historia no solo por haber sido el primero organizado por tres países o la más grande jamás disputada o por una gran final disputada entre Argentina y España. Sino por convertirse en el Campeonato más contaminante. 

Si ello se comprueba, es preocupante lo que viene en el futuro porque la FIFA confirmó que el Campeonato Mundial del 2030 será organizado principalmente por España, Portugal y Marruecos. Además, incluirá partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay para conmemorar el centenario del torneo. Esta distribución geográfica hará que los equipos participantes, simpatizantes, periodistas y personal operativo deban desplazarse entre continentes, incrementando aún más las distancias recorridas en la edición del 2030 respecto a la edición del 2026, aumentando significativamente la emisión de “gases de efecto invernadero” y dejando una mayor huella de carbono como contribución al no deseado calentamiento global.

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